Para Antonio Carlos Santos de Freitas, o Carlinhos Brown, todo tiene un sentido. Cada uno de los seis anillos que lleva en sus manos tiene una historia, todos ellos lo devuelven a sus raíces, a sus padres o a sus abuelos.
Este músico, salido de una favela de Salvador de Bahía (Brasil), se enorgullece de sus orígenes. A pesar de la fama internacional que le han significado sus canciones y el éxito de Tribalistas, la banda que lo hizo conocido en Colombia, Brown sigue siendo un fiel habitante de Candeal, el barrio pobre en el que creció y en el cual desarrolla proyectos sociales ligados a la música.
Por eso, reivindica el valor de la música autóctona y, aunque es conocido como un artista que mezcla el pop con los ritmos afrobrasileños, dice que la fuerza la da la música étnica y que el pop necesita de ella. Brown cerró anoche la 50 Asamblea del BID en Medellín y hoy estará con los niños del barrio Moravia, en un taller.
Usted se presenta ante la élite financiera y les enseña hoy a los niños pobres de Medellín, ¿Cómo maneja esta dualidad? Yo no sé hablar de economía, yo sé hablar de corazón, de amor. Mi maestro mayor es la cultura indígena, la afro americana, la brasileña, la rumba colombiana, el reggae, las fiestas santeras, etc.
Ahora, ¿cómo me voy a presentar ante la élite monetaria, si cuando era pequeño vendía helados? Pues el artista tiene responsabilidades sociales, entonces, a través de mi arte, puedo sensibilizar a esas personas que son parte de la élite, y las puedo sensibilizar porque yo no soy resultado de la élite financiera, soy resultado de la pobreza y soy consciente de que he tenido acceso a cosas materiales gracias a mi carrera, pero mi sensibilidad social busca que haya posibilidades para otros que vienen de situaciones como la mía.
Creo que esas oportunidades existen y por eso pienso que es un gran fracaso cuando utilizamos las armas para decidir nuestro destino.
¿Y en cuanto a las comunidades pobres? La cultura tiene una función muy importante en las comunidades de bajo poder adquisitivo. La institucionalidad muchas veces no llega allí, mientras que la cultura siempre llega. La cultura está en la vida de todos, incluida en las de la élite, por eso preservar la cultura es preservar el alma.
Usted ha dicho antes que la música hace personas iguales ¿En qué sentido dice esto? Lo digo porque en el momento en que vamos por la calle y escuchamos una melodía que nos gusta, todos sonreímos, bailamos igual. La música hace que un patrón y un empleado bailen y sientan igual porque ambos están movidos por las cosas más sencillas del corazón. La música transforma a la gente en personas iguales. Entonces, no importa si se tiene poder adquisitivo, si se es pobre, la música siempre iguala a la gente.
Tomado de: EL TIEMPO
Publicamos esta noticia por el valor que tiene. Hacer la diferencia en la brecha social, es decir, romperla con la solidaridad es la solución a la pobreza.
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